Los vibradores

Podemos decir mucho con tan solo una palabra. No es de extrañar que cuando escuchamos o leemos ‘vibrador’ nos evoque sexualidad e ideas relacionadas con el sexo: deseos, emociones y recuerdos excitantes. Un vibrador no es solo un objeto en forma de falo que vibra, su significado encierra todo lo anterior y mucho más.

Vibradores-Jammy-Jelly

El vibrador nace asociado a la mujer hace aproximadamente unos 120 años. Existen algunos informes que sitúan su origen en el siglo XIX. Fue precisamente en la época victoriana, época de represión recordad, donde el placer se disfrazaba de terapia: el vibrador era el invento médico que se usaba para calmar lo que se denominaba como “histeria femenina”, que no era más que una creencia ridícula de que las mujeres tenían períodos de ansiedad y nerviosismo que se ‘curaba’ introduciéndoles un objeto fálico vibrador hasta que llegaban al orgasmo; este proceso lo llevaba a cabo un médico en su propia consulta, estaba considerado poco menos que una enfermedad.

Pese a la situación vergonzosa y culpabilizadora que suponía este trance para las mujeres, muchas volvían a las consultas para someterse otra vez al tratamiento. Esa masturbación encubierta resultó tan práctica que dió paso a la producción y comercialización de los vibradores.

No fue hasta la aparición de las primeras películas pornográficas de cine mudo cuando se empezó a abrir un poco la mente a la sexualidad, acabando levemente con la represión victoriana.

En los años 40 y 50 los grandes almacenes Sears de Estados Unidos ya ofrecían vibradores a las mujeres en el catálogo que enviaban por correo.

Actualmente los vibradores son una industria en sí mismos: sus atrevidos diseños, colores, movimientos, etc. los convierten en los compañeros perfectos al servicio del placer. Las mejoradas prestaciones que adquirieron con la introducción de las nuevas tecnologías en este campo impulsaron sus ventas, sobre todo entre las mujeres. Aunque no hace falta decir que los vibradores son también muy placenteros para muchos hombres tanto si hacen gozar a su pareja con ellos como si se estimulan ellos con él.

Son casi infinitas las combinaciones que podemos encontrar entre distintos materiales, formas, texturas, tamaños, colores y funcionamiento; pero básicamente se clasifican en 10 grandes grupos: vibradores clásicos, vibradores a control remoto, vibradores rampantes, vibradores lengua, vibradores realísticos, vibradores de cristal y cerámica, vibradores discretos, vibradores para el punto G, vibradores sumergibles y balas vibradoras.

En cuanto a los materiales, los hay desde blandos fabricados con gelatina (jelly en inglés), hasta firmes y duros fabricados en cristal o cerámica; pero su uso es el mismo. Excepto los vibradores de látex, el resto de materiales no producen alergias, o no deberías, y en todo caso son compatibles con el uso de preservativos (recuerda que también los hay sin látex).

Si se cuidan adecuadamente son muy duraderos, pero has de lavarnos antes y después de su uso con agua y jabón antibacterias. Pese a que no todos los vibradores son sumergibles, puedes lavarlos igual, cuidando de que no se moje el mecanismo del motor. O para hacerlo más sencillo, puedes usar un limpiador de juguetes eróticos, especial para este tipo de objetos.

Hoy en día tenemos la gran ventaja de poder elegir el tamaño y la forma de nuestro vibrador.

De entre todo el amplio abanico del que disponemos pueden ser anales o vaginales, pero no es preciso ni que sean específicos para esas zonas: con un mismo vibrador puedes estimular tu clítoris, introducirlo en la vagina para estimular tu punto G o meterlo en tu ano para alcanzar el punto K, punto P en los hombres; experimenta lo que más te apetezca tú pones los límites.

Fuente: Sex shop Europa

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