ADIESTRAMIENTO CANINO: PREMIO O RECOMPENSA

De alguna manera me he dado cuenta, en el momento de impartir mis prácticas de entrenamiento, que al preguntar a los participantes sobre lo que a sus perros más les gusta, no saben responder o lo hacen como tratando de adivinar, es decir, sin absoluta seguridad. Posiblemente me contesten que una galleta, una manzana, sus croquetas de pienso o una pelota. Pero al momento de conocer a sus perros y tratar de lograr algo con ellos para que los dueños aprendan, me doy cuenta que ni la galleta, ni la manzana y mucho menos sus croquetas dan resultado. Se arroja la pelota, apenas el perro la alcanza y ésta deja de moverse, entonces la suelta y regresa a mi para ver si tengo algo más interesante (si no es que vio a otro perro pasar por ahí y sale destapado para jugar con él).

recompensa perros

Todo esto me indica principalmente dos cosas: primero, la falta de observación de los dueños o manejadores hacia lo que realmente atrae de manera natural o instintiva a sus perros, y segunda, la falta de intuición o conocimiento (de los mismos dueños) de las diferentes actitudes que los perros demuestran a través de sus movimientos corporales y gesticulaciones faciales por medio de los cuales nos están diciendo:”… ¿ no te das cuenta que por eso que tienes soy capaz de cualquier cosa? “.

Son muchas las actitudes y posiciones corporales que un perro adopta cuando desea algo desesperadamente: un aumento de estado de ánimo (muy claro a simple vista), puede ladrar por él, en caso de tener su objeto, juguete o alimento predilecto en nuestra mano, el perro seguirá la dirección de la misma donde quiera que ésta se dirija. Si ponemos la mano en alto, éste saltará por el objeto, si la pasamos por encima de un mueble u obstáculo, lo saltará seguramente. Si arrojamos su “atractor” (algunos entrenadores también llaman así al objeto favorito del perro) en 30 ocasiones por debajo de un automóvil, mesa, hueco oscuro o algún lugar en alto, éste correrá sin miedo por él las mismas 30 veces y lo traerá de regreso a nosotros para ser nuevamente arrojado. Cuando se trata de alimento, veremos cómo nuestro perro lo ingiere de inmediato y sin saborearlo, para rápidamente esperar el siguiente bocado.

¡OJO!, el perro quiere eso tan desesperadamente que generalmente no necesitaremos de una correa para evitar que se vaya lejos de nosotros (para qué?, si lo bueno está en nuestras manos, ¡listo para dárselo!).

Cuando no hay gran interés por algo que poseemos y creemos que puede gustarle a nuestro perro, la respuesta también es notoria. El semi-interés hace que el perro divague por otros lados tratando de encontrar algo más interesante. Sus orejas y expresión facial no están en una alerta continua, ni demuestra gran interés en caso de que le arrojemos el supuesto “atractor”, ni siquiera en caso de que por accidente se nos caiga o escape de las manos. Se puede dar el caso de que el perro demuestre cierto interés las primeras cuatro o cinco veces que le arrojamos la pelota, pero poco tiempo después renunciará a ir por ella. Y por supuesto, el perro iniciará su huida en busca de algo más interesante.

 

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